Durán, un abanderado eterno

4 de noviembre de 2006

El alba fue solemne testigo del encuentro entre un hijo y su terruño. Las primeras horas del día despertaban en la brisa matinal el arrullo del viento a la tricolor que hondeaba ufana en las manos de un campeón como jamás se ha visto en tierra alguna.
Roberto “Mano de Piedra” Durán, cual hidalgo caballero, tomó su bandera y dio vida a aquel poema inolvidable: “La Patria son los viejos senderos retorcidos que el pie desde la infancia sin tregua recorrió”.
Porque Durán le tomó un suspiro al viento, le dijo al aura está bandera es mía, sin dobleces, sin disposiciones y sin medir distancias el campeón empezó a llorar tan solo a la primera pregunta vertida a flor de piel.
Su voz tiritaba, cual parpadeo eterno de los hilos de la vida. Intermitente, lleno de una emoción excelsa y una finura indeleble Durán no pudo hablar, solo lloraba… lloraba como muchas otras veces, mientras en su pecho se vertía un sentimiento de patria.
Del Palacio de las Garzas, donde recibió el pabellón tricolor de las manos del Presidente de la República, Martín Torrijos, el campeón se dirigió a la Calle 50, como abanderado oficial, en el día de la bandera. Allí su pueblo lo esperaba para tomarse fotos con él, burlando así el paso del tiempo y guardando para siempre el recuerdo de este 4 de noviembre.
Porque hoy Durán hizo un salto cuántico en el espacio y en el tiempo, para retrotraer a sus más fieles seguidores a aquellas maravillosas noches cuando cautivó el corazón de esta patria en esas batallas épicas, donde sus puños alegraban el palpitar de cada panameño, sin importar ningún crédito social. Ese es Durán, el campeón eterno de su tierra y de su gente.
“Yo me siento muy honrado, orgulloso y satisfecho por esta designación. Estoy muy feliz. Gracias Panamá, esto lo hago con el corazón”, destacó un Durán más relajado luego de concluir el desfile.
“La gente me quiere y yo quiero a la gente. Yo de niño veía los desfiles. Me gustaban. Los miraba por horas. Me ponía detrás de cada escuela y marchaba a su lado y repetía la acción con la que venía atrás”, destacó la gloria.
“Yo quiero a mi pueblo y esto lo hago por mi país. Este es mi verdadera ilusión, mi Panamá”, declaró un emocionado Durán.
Así, una vez más, Durán con su gentileza, humildad y grandeza, escribió una página más en su historia, una historia que va enmarcada en amor leal a su nación, porque hoy “la patria fue el recuerdo… pedazos de la vida envueltos en jirones de amor o de dolor…”. Gracias Durán, por ser como eres. Un verdadero abanderado eterno en el corazón de cada panameño.

Por: Alonso Solís

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