Mejía, el niño de oro para Panamá

2 de julio de 2007

A los 16 años, la mayoría de los niños pasa sus días jugando con amigos, estudiando en el colegio y soñando con llegar, algún día, a codearse con sus ídolos futbolísticos. Pues bien, ese no es el caso de Luis Mejía. El panameño, aún sumergido en plena adolescencia, se acaba de convertir en figura del deporte de su país gracias a su notable actuación en el debut canalero en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA.

A horas de su destacada tarea en el 0-0 ante la RDP de Corea, que sirvió a los suyos para recolectar su primera unidad histórica en una Copa Mundial, Manotas compartió su historia en el arco junto a FIFA.com. Un romance con el puesto que lleva, aunque suene increíble, apenas cuatro años de duración…

"Todo con tranquilidad"
Mejía no es un niño común. Habla sereno, pausado, con la seriedad de quien lleva varias temporadas en un equipo de primera división. No obstante, él mismo cuenta que descubrió el puesto de arquero hace apenas 4 años. "Antes jugaba en cualquier posición, pero nunca en el arco, hasta que un día me pusieron ahí en un torneo y me hicieron un solo gol. No cambié más. Todo lo que vino después fue muy rápido", aclara.

Y vaya que sí. En un período tan corto de tiempo, este joven de 1,90 metros de estatura no sólo descubrió que había heredado la facilidad en el uso de las manos de su padre -ex basquetbolista profesional- sino que se convirtió además en el portero titular de las selecciones Sub-17 y Sub-20 de su país. Hoy, tras su debut en Canadá, es foco de todos los elogios de la prensa. "Me lo tomo con tranquilidad, e incluso trato de pensar en lo que viene y no en lo que pasó. ¿Si me ponen nervioso las entrevistas? Para nada, los periodistas tienen su trabajo y lo tomo con naturalidad. Siempre me gusta leer lo que dicen después de los partidos", confiesa con la misma tranquilidad que utiliza para ordenar en la cancha a sus "veteranos" defensores.

"El cuerpo técnico y mis compañeros me han pedido que utilice mi carácter en el campo, así que lo hago con naturalidad. No se enojan si los regaño ni me tratan diferente. Eso es muy importante", insiste.

¿Rumbo a la fama?
Tras finalizar el partido ante la RDP de Corea, Mejía, admirador de Iker Casillas, llamó a su casa en la Ciudad de Panamá. Allí esperaban el contacto su hermana, dos hermanos y la abuela María, quien no pudo contener las lágrimas de la emoción. "Me contó que hablaron bien de mí en todos lados y me pidió que siga así, que estaba muy orgullosa", explica.

Pero el momento de la alegría por el punto ha pasado, y tanto Mejía como Panamá deben concentrarse en enfrentar a Argentina, el campeón del mundo que llega liderado por Sergio Agüero. "No me preocupa el nombre de los rivales, sino el estar concentrado en lo que me toca hacer a mí dentro del terreno de juego", desafía, al tiempo que reconoce la importancia que podría tomar otra buena actuación personal en su futuro inmediato: "Si me va bien podría ayudar a que me vean del exterior. Mi objetivo es jugar en alguna liga competitiva. ¿Cuáles me gustan? La española y la mexicana, pero no tengo prioridades", aclara antes de marcharse. En sus palabras, secas, queda reflejada la firmeza de su mentalidad. La misma que transmite a sus manos. O Manotas. Las que le dieron a Panamá un punto histórico para el fútbol de su país.

Artículos y fotos tomados de FIFA.com

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